02 diciembre, 2014

Dieta, sólo y de máquina

Veo cosas borrosas a través del vaho que se ha formado en el cristal. Mis ojos también ayudan con las lágrimas que destila el acojono que me está entrando. El programa lo ajusté al mínimo pero media hora no me la quita nadie.
Creo que he ido demasiado lejos esta vez.
Sudo mucho, estaremos a 70ºC. Y un ruido atronador.
Incluso cogí cita con el de cabecera cuando empecé a obsesionarme buscando entre los pliegues de mi piel una indicación de si tengo alguna parte de algodón. Me saltó la risa cuando me miró hipocráticamente. Me dio cita con salud mental.
Olvidé la biodramina y me empiezo a marear.
Sudo mucho. Más vale que fui prudente y no la puse a 100ºC. A esa temperatura se hierve. Interminable….
Agazapado y apretado, casi como en un número de contorsionismo, sigo dando vueltas al tema y sigo dando vueltas. Es imposible de salir de aquí, de parar esto. Sigo dando vueltas.
Sudo mucho y la atmosfera se está haciendo irrespirable.
Para qué coño tengo que ir yo al loquero. Y para que coño me meto yo en estas historias.
Es imposible pararlo. Sigo dando vueltas al tema y sigo girando.
Toda mi vida rota como cuando pasa un ciclón, pero no mi pasado. Mi presente se retuerce. También mis huesos, músculos, tendones y cartílagos.
Por un momento me detengo, es un descanso.
Alguien llega, le veo pasar, golpeo el cristal, espero un momento y oigo que desconectan, pasa un tiempo hasta que se abre la puerta.
Estoy sudado y entumecido, muevo un brazo y voy estirándome conforme salgo de la máquina.
En la mesa de enfrente está mi mochila con la báscula. Me peso y he adelgazado 4 Kgs. No está mal pero no si se ha merecido la pena.
Voy saliendo, la gente me mira. Recuerdo ese tipo de mirada y mientras cruzo entre ellos dirigiéndome a la puerta, intento recordar donde la he visto.
Salgo a la calle y tomo una bocanada de aire fresco. La gente ha salido siguiéndome y murmurando. Voy caminando lentamente estirando todas mis articulaciones.
Ahora recuerdo y me vuelvo para confirmarlo, mirando a las personas que me siguen con la vista desde la puerta de la lavandería.
Sí, tienen la misma mirada que el de cabecera. ¿Serán médicos?.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe