20 enero, 2015

Hablamos con Félix Amador, finalista del Premio Internacional de Novela Corta La Esfera 2014

Aunque sabemos que Félix Amador Gálvez nació sin años en el pueblo de Juan Ramón Jiménez, allá por 1965. Y que actualmente ejerce de padre y funcionario, pintor a veces, poeta, traductor, editor, bloguero, letrista y crítico musical, La Esfera Cultural ha intentado en la siguiente entrevista sacarle todos sus perfiles posibles.
Hasta la fecha ha publicado las novelas Las palabras mágicas, La muchacha con nubes en los ojos y Diario de un feo recién divorciado, el libro de relatos Lienzos en blanco y el ensayo El Moguer de Juan Ramón Jiménez: breve guía para el viajero pasional, además de relatos y cuentos en diversas antologías y revistas. Ha sido finalista en 2014 del Premio Internacional de Novela Corta La Esfera, con su obra "Los hilos del aire"

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Félix Amador Gálvez, acusado de escribir "Los hilos del aire" en nuestra rueda de preguntas
Si algo caracteriza a “Los hilos del aire” es que está escrita en un solo párrafo. ¿Es una provocación? ¿un riesgo? ¿lo pedía la historia, la novela?...


Lo pedía la novela. Es más, es un recurso que surgió a medida que comenzaba a escribir y los hechos se iban acumulando renglón a renglón. Fue entonces cuando aprecié que era la justa medida del tiempo que el lector necesitaba para entender la sustancia principal de la novela, que no es otra que la simultaneidad de todo, la superposición de sentimientos en un mismo personaje, la inmediatez y al mismo tiempo la fugacidad de las cosas que consideramos importantes. Este concepto del tiempo y una revelación que aparece en la última página justifican un recurso tan inusual.


Define tu novela como máximo en cinco palabras.

Vivir hasta el último segundo.


¿Cómo surgió la idea de "Los hilos del aire"?

Surgió leyendo una novela de

Gamel Woolsey titulada “Málaga en llamas”, que narra cómo la guerra llega a Málaga, una ciudad tranquila y, en cierto modo, familiar. Gamel vivió en primera persona este episodio (creo que fue en 1937) y recoge en la novela comentarios de las gentes sencillas que, por simples, son espeluznantes. No en vano, la guerra había llegado hasta sus casas.


¿Qué importancia tiene la poesía en esta novela?

La poesía es el summun de la literatura, la expresión total, el límite del lenguaje. Para el protagonista, su inspiración. Para Aurelio, encontrar en medio de las cenizas libros de poetas que le habían hecho crecer como persona hasta convertirse en periodista es algo estremecedor, y espero que estremezca también al lector.


Algo fundamental de “Los hilos del aire” es el amor por la literatura, ¿hasta dónde podría afirmarse que la literatura salva o condena?

La literatura y el arte en general son mucho más que técnica. Son placer, medicina, enseñanza, sentimiento, tradición, futuro, pasión…, todo lo que el hombre moderno intenta comprar con dinero se puede encontrar en un libro. Del uso que se dé a sus páginas depende el resultado. Lo que para unos puede ser placer para otros es provocación, lo que para unos es Historia para otros es tergiversación. Cada libro tiene un lector y cada lector una interpretación del libro. Es algo con lo que tenemos que vivir los que escribimos.


Los hechos de los últimos días en Francia vienen a demostrar que, por desgracia, el fragmento de la máquina de escribir es una metáfora que pervive, ¿es tan difícil eliminar la barbarie del interior de los seres humanos?

Déjame que sea pesimista en este aspecto. Creo que la civilización, la educación y el pacifismo son aspecto artificiales inventados por el hombre. Lo natural, lo que encontramos en la Naturaleza, son comportamientos egoístas. Los animales matan para comer, expulsan a los enfermos y a los diferentes para perpetuar la pureza de su especie, las hembras dejan morir a las crías débiles para que las otras sobrevivan… Aunque el hombre ha intentado llevar una vida distinta de la que su naturaleza animal le pide, hay momentos en que vuelve al ser salvaje que fue. La única manera de impedir esto es una educación que no se enseña en los colegios, una sensibilidad “humana” que ha evolucionado a lo largo de la Historia, aunque baste un sólo psicópata para echar por tierra estos logros o, lo que es peor, para convencer a una multitud de que lo haga.
La estructura de la novela es ambiciosa, a pesar de su aparente sencillez, ¿qué fue más complicado como autor, definir el argumento o establecer la estructura que llegaría al lector?
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Título: Los hilos del aire
Autor: Félix Amador Gálvez
Edita: La Esfera Cultural
ISBN: 978-1-326-11438-1


La estructura de “Los hilos del aire” es como un árbol, con sus ramas y sus pequeñas hojas. Lo difícil realmente fue conseguir que todo el conjunto tuviera una coherencia para que el lector no se perdiera, para que sintiera que cada cuento que escribe Antonio o cada recuerdo o cada fase de la novela se leyeran como piezas de una misma historia, compleja, como todas las historias humanas. Si algo nos define como inteligentes es la complejidad. El buen lector vive muchas vidas en las páginas ajenas, sea en una sola novela o en un muchas. Creo que el esquema funciona y me alegro de que el jurado lo valorase de manera positiva.


¿Nacer en el mismo pueblo que Juan Ramón Jiménez influye en algo a la hora de ser escritor?

Pesa. La sombra de JRJ es alargada y no sólo está en cada calle de Moguer que aparece en “Platero y yo” o en cada producto que se comercializa con un nombre inspirado en el libro sino que está en el aire. Sales a la calle, vas al teatro o a una librería y conoces a algún poeta, a alguien que escribe… De hecho, yo comencé escribiendo poesía. Como todo amante de las letras, me enamoré de eso, de las letras, y lo primero que uno busca en este camino es la Belleza, con mayúscula, la hermosa fugacidad de un verso perfecto, el esplendor efímero y orgásmico de un endecasílabo.. Más tarde uno crece y se da cuenta de que la Belleza está destinada a las páginas de muy pocos y descubres el cuento, la novela, que son maneras de relacionarse con la Literatura de una manera más estable, más a largo plazo, porque no son lo mismo cuatro versos que cuatrocientas páginas. Es algo así como la diferencia entre un flechazo y el compromiso que supone matrimonio. Es otro tipo de relación. En cualquier caso, creo que en la novela puedo expresarme mejor.


¿El hecho de ambientarla en una determinada época -la Guerra Civil- es solo una excusa para narrar una historia o, por el contrario, que sucediera durante la Guerra Civil era imprescindible para que la novela fuera la que es?

Creo que era necesario. Yo quería unos personajes llevados al límite y la guerra es el mayor despropósito que hemos podido inventar. El mayor. Contar una historia pequeña, de personas pequeñas, acorraladas por un desastre de ese tamaño, más grande aun sabiendo que era civil, fue el escenario ideal. En cualquier escenario de guerra habría funcionado la trama pero nunca había escrito sobre la Guerra Civil en España y esto, además, me permitía hacer algo que he echado de menos en muchas obras inspiradas en ese periodo: narrar desde el punto de vista del español común, el que no estaba de parte de un bando ni del otro, simplemente estaba en contra de la guerra y no podía escapar a sus consecuencias.


En la novela narras que los recuerdos... vienen mecidos por las matemáticas. Pero antes de que uno pueda llegar a morir ¿las posibilidades de la memoria vienen solas o se eligen?

La muerte es un misterio. Ese momento de recordar antes de la muerte en el personaje de “Los hilos del aire” fue una bonita especulación. ¿Qué recordará uno en ese momento? Sólo sé que recordar es intentar no morir. En este sentido, los libros son algo así como recuerdos ajenos que uno puede revivir, o incluso escribir los suyos, y la ficción es soñar despierto.


Tu novela tiene varios niveles narrativos y de realidad, que engranas con maestría ¿es esta una característica de tu escritura?

En otros libros he intentado definir la relación entre el hombre y el arte, intentado llevar a extremos fantásticos la influencia de algunas obras de pintura, literatura o cine en el alma de estos personajes. Para mí, convertir al protagonista en un escritor en ciernes me proporcionó la oportunidad de crear historias dentro de las historias, algo que me gusta mucho de Paul Auster, por poner un ejemplo, y también de jugar con el lector a que adivinara qué parte de lo que escribía el protagonista eran recuerdos de su vida real o imaginaciones.


¿Cómo te definirías como escritor?
El autor en una librería


Vaya pregunta más difícil. Podría intentar definir lo que quiero ser y que los lectores me definan. En principio, me interesa narrar historias desde el punto de vista de los personajes, qué sienten en cada momento y por qué. En este aspecto, busco siempre personajes apasionados capaces de vivir la vida en más de una dimensión, como el de mi primera novela, “Las palabras mágicas”, un brillante estudiante que renuncia a una cátedra para regentar una librería de lance donde no entra nadie. Pasa los días leyendo hasta que un día comienza a escribir y descubre que tiene el don de predecir el futuro… Yo he pasado más tiempo de mi vida leyendo que haciendo cualquier otra cosa y creo que, si soy algo, soy hijo de mis lecturas.


¿Cómo es la experiencia de presentarte a un concurso literario?

Hoy es muy difícil llegar a una editorial sin un agente literario, y más a una grande. Creo, incluso, que es más difícil llegar a un agente que a una editorial. Envías un manuscrito y pasa meses en un montón para acabar en la papelera. En los concursos es diferente: el jurado lee tus textos, aunque sea un jurado de pre-selección, pero sabes que los lee. Eso ya es algo, sobre todo cuando empiezas. Tu texto eres tú. Nadie sabe tu nombre ni están influenciados porque todo es anónimo. Es un sistema justo para quien escribe y también para los lectores. Después está la oportunidad de ganar. Los concursos literarios son algo que recomiendo a todos los escritores. A los consolidados también, ¿por qué no? Claro que hay ciertos “grandes” premios que llevan el nombre del ganador escrito en las bases…


¿Qué estás escribiendo ahora?

De todo. Acabo de terminar de pulir una novela que tiene también algo de metaliteratura, sigo escribiendo en mi blog “Jazz, ese ruido”, estoy dándole vueltas al argumento de un relato y llevo un año embarcado en un proyecto paraliterario que me tiene apasionado: componer letras de canciones. El pianista, educador y compositor Iván Macías me pidió este trabajo: crear un musical totalmente nuevo, inspirado en una obra clásica y alejado de los planteamientos pop de otros musicales. Yo le propuse adaptar la obra de Zola “Germinal” y hemos creado un libreto muy atractivo sobre aquellos personajes acorralados por el sistema en las minas de la Francia del siglo XIX, con sus historias de amor, las primeras huelgas, la crisis, los recortes salariales… Todo muy actual. Confío en que pronto lo podáis disfrutar. Los ensayos están comenzando y debo decir que para un escritor solitario es apasionante escuchar sus palabras cantadas.




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