08 marzo, 2015

No me importaría que mi e-reader me ponga los cuernos

Mi e-reader me espera en la toalla,
con la novela "La nieta del señor Linh"
lectura del Club de los 1.001 Lectores
Que despreocupado vivía cuando leía mis libros en papel. Los llevaba a la playa y cuando el sol apretaba y me metía en el agua me esperaban pacientemente sobre la toalla. O cuando leía en una cafetería y tenía que ir al baño aguardaban pacientemente sobre la mesa mi regreso. ¡Que fidelidad!

Ahora que leo en digital (e-reader) todo ha cambiado. Sé que ya no puedo dejar solas a mis novelas. Sé que cuando regrese a mi toalla estará vacía y que sobre la mesa de la cafetería solo permanecerá mi taza de café. Mis novelas, aunque quieran esperarme, cambiarán de manos. Pasarán a las manos de “lo ajeno”.

Mis novelas de papel eran ignoradas. A lo máximo que aspiraban era a que alguna mirada curiosa se posase sobre su portada o título. Eran respetadas. Un código no escrito prohibía que se las llevasen. Como uno de esos códigos orientales de respeto a los mayores. 


Mi e-reader ahora es objeto de deseo. Lo he comprobado. Lo dejé sólo por un minuto y de inmediato acudieron a su encuentro pretendientes como moscas. Lo triste del asunto es que son amores falsos. Pretendientes que no están interesados en su corazón, en la literatura que porta, y que jamás leerán un libro. Si otros ojos se posasen sobre la literatura que porta hasta consentiría que mi e-reader me pusiera los cuernos.


Hasta el próximo Editorial del domingo
Artículo: Francisco Concepción

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