01 agosto, 2015

Una cita sorprendente

Rasgo el sobre y saco la carta. La leo y la dejo sobre la mesa.
Desayuno. He lustrado los zapatos negros y voy en busca del único traje que tengo, uno negro. Abro el cajón de la mesilla, la recojo y pongo en el bolsillo izquierdo de la chaqueta, junto a la carta. 
La cita es a las doce en punto. Me acerco hasta un mostrador. ¿El director? Tengo cita con él, he recibido una carta, véala —digo mostrándola. Pase. Detrás de una mesa veo a un hombre orondo. Pregunto, ¿firmó usted esta carta? Supongo que como todas. Saco la pistola, le apunto y digo, Vaya hasta la ventana y ábrala. Lo hace asustado. Ahora súbase al poyato y láncese al vacío ¿o prefiere un disparo? ¿Por qué? Mi mujer murió hace dos años, ya no nos hace falta la asignación que pedimos hace tres y ahora autoriza.
Se lanza, espero verle morir. Ahora saltaré yo.

Texto: Anxo do Rego