03 noviembre, 2015

El arte de fumar

Atravieso todo el aire hasta dejarlo tangible y sin posibilidad de ser respirado. Sólo con una bocanada; eso sí, que sale desde las ultimas células vivas en mis alveolos. Con las 2.000.000 de caladas que plácidamente he absorbido, pinto, en abstracto con mi instrumento de viento, el cielo.
Grafitteo, recordando en blanco y negro, imitando sus aros esculpidos en un humo recio de tabaco duro. Esculpo columnas barrocas transparentes alimentando sus capiteles con evoluciones indefinidas.
El lienzo absorbe todo, los trazos de mis dedos lo desgarran con furia y los duermen al instante. Mi voz rota, desgarrada, voltea la grisácea inerte pared y se hunde en un circular pasadizo hacía otro tiempo que se encoge cerrándolo, mitigándola. Otra expiración escuchando el vuelo del pentagrama afilado de la belleza de la muerte. Notas sin color brillante. Pincel con filamentos envenenados. Percusión achacosa, acelerada. Decadente.