26 abril, 2016

Escribir es lo más fácil del mundo

Hablando en términos gastronómicos la diferencia entre cocinar un gran plato y uno del montón es mínima. Apenas unos segundos menos o más de cocción, la elección de algunas especias diferentes, el simple orden empleado a la hora de combinar los ingredientes, etc. Pequeños, pero muy importantes detalles. Con la escritura pasa lo mismo.


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Hasta para freír un huevo necesitamos talento, pasión y trabajo
Estos días terminé de escribir un texto y lo compartí con las personas que habitualmente leen mis escritos y que me aportan su opinión y todos coincidieron: «Ni chicha, ni limonada», o lo que es lo mismo: «Ni frío, ni caliente» Era un plato correcto, simplemente eso. Se comía bien (se leía), pero no era un plato de chef, ni de restaurante con alguna distinción. Resumiendo diríamos que era correcto, pero no llegaba a literatura. No tenía chispa, le faltaban burbujas.

Me senté otra vez frente al texto, le di un poquito más de fuego, le añadí una pizca más de pimienta, le quité algunos tropezones y lo emplaté con algo de arte y se lo volví a presentar a los comensales, lo probaron (leyeron) y terminaron rebañando el plato.

Cocinar parece una labor sencilla. Puedes elaborar cualquier plato: pillas la receta y la lista de los ingredientes en un libro de cocina o la bajas de internet y listo, seguro que te sale el guiso. La literatura es igual, la teoría es sencilla, pero notamos cuando un simple huevo está frito por un buen chef o por Manolo en la barbacoa del domingo. Lo mismo pasa con cualquier escrito, cambian y se convierten en verdadera literatura si le ponemos el tiempo, un estilo propio, una dosis de talento y los ingredientes secretos de cada escritor. Es fácil. Muy fácil. Por eso cada día me cuesta más escribir; tardo siglos en cada frase, me parece que estoy ejecutando una obra orfebrería y cada día me asaltan más dudas.

¿Consideras sencillo cocinar/escribir una vez que tienes la receta?

Hasta el próximo Editorial del domingo.