03 agosto, 2009

Regalar libros. Hay que tener dos cojones

Postear es una necesidad, pero diferentes circunstancias, sin que sirva ello como banal y repetida excusa, no me lo ha permitido en el último mes. “Fuera de juego” en una cama hospitalaria, la tecnología me permite en este momento conectar y hacer este post para La Esfera.

De los presentes que me han traído mis amistades y familiares, dos de ellos han sido libros. Interesante regalo y difícil elección en este tipo de circunstancia. Pongamos un ejemplo: A mi me gusta la música clásica, pero en momentos de bajona no me resulta beneficiosa, me hace interiorizar mucho. Tampoco estoy receptivo a escuchar en estos momentos música machacona o boleros, los sentidos están lastimados, rotos y perciben la música de forma muy diferente a la habitual. Me sucede lo mismo con la literatura, ahora la tengo desterrada, apartada y no me he animado a iniciar ninguna lectura, tampoco he solicitado que me traigan tras un mes ingresado nada. Pero unos valientes se han aventurado (realmente es una osadía) a regalarme dos libros. Uno es “La venganza es dulce. Y además no engorda” de Gervasio Posadas, el cual estoy leyendo por cortesía a quien me lo regaló; y para mi asombro me está entreteniendo, en contra de los perjuicios que me planteaba el autor y su sinopsis. Trata de un cuarentón, desanimado por su precariedad laboral y su poca expectativa de felicidad, que decide inscribirse en un carísimo master empresarial, para codearse con la jet de los ejecutivos más importantes del país. En el transcurso de las clases se percata que el dueño de la escuela es el causante de sus males y emprende una cruzada contra alguien más poderoso, influyente, más fuerte, listo que él.

Y el otro título que me regalaron es “La crisis Ninja y otros misterios” de Leopoldo Abadía, un Ingeniero Industrial de 76 años, conferenciante y profesor de Estudios Superiores que intenta explicar la crisis de forma amena. Un tipo cachondo padre de 12 hijos y abuelo de 38 nietos. Todo ello dice mucho del autor. Mis amistades, aún estando enfermo, no me ven fuera de la actividad emprendedora. Este segundo libro no lo he empezado aún.

Cuando los termine, haré mi valoración de los mismos. Pero lo que sí valoro ahora es la valentía de regalar un libro en estas circunstancias. Me recuerda la vez que estaba en el Corte Inglés y una chica se acerca al dependiente y le dice ¿Qué libro me aconsejas para regalarle a mi jefe? El vendedor preguntó sobre la personalidad de su jefe y la respuesta de la chica tienen ustedes fortuna de no haberla escuchado. No tenía puta idea. Felizmente yo no me encontraba en la piel del pobre vendedor.

Francisco Concepción Alvarez