30 septiembre, 2009

Menú del día

Se supone, se supone, que uno con la edad pierde y gana al mismo tiempo.
Alguien a quien no desprecio ¿Tengo derecho a despreciar a alguien? dice que el odio acabará por consumirme.
Creo, creo, que no soy capaz de sentir odio.
Si pudiera, si supiera, seguramente le odiaría a él.

La reflexión se va resbalando entre mis dedos nerviosos.
Culpable o inocente, el poso de la educación judeo cristiana evita sangres fuera de su recipiente intracorpóreo natural.

Me encanta este adjetivo "judeo cristiano". Me pone.
En momentos de frigidez mental todos acuden a la justificación o la crítica adjetivando el judeo cristianismo. Ensucia sus cerebros, estimula sus genitales.

Prolongo la hora de la comida hasta más allá de lo sensato. Hay un grupo formado por un leonés culturalmente pretencioso, culturalmente vestido apropiadamente; un mural humanoide a quien le replamplinfa que le escupan o le den barniz con pan de oro y en la posición humillante el hombre objetivo del tiro al blanco. Lee los cuatrocientos años de vida de El Rastro.

El leonés no le permite ese pequeño capricho y nos adenda una oratoria de la madre de su puta reina.
Le pregunto si no tiene preparado un power point. Asi, los humillados, los locos, los curiosos sabríamos interpretar sin lugar a equívocos que Solimán murió por sobredosis; que el odio se permite demasiadas licencias.

El tercero en discordia, el ausente, gira hacia mí su cuello tímido. Y eso es más de lo que han conseguido meses de bonitas intenciones.

Bota y escuela.

Neuroscopetrix.