14 septiembre, 2009

Septiembre delincuente

El verano se desdibuja exangüe. Los locos regresan a sus manicomios y los delicuentes a sus celdas. Ni unos ni otros saben con quienes se han cruzado, locos o delicuentes como ellos.

Más peligrosos pero reinsertados. Más solos quizás pero con la posibilidad tácita de compañías no recomendables.

La gran hipocresía que se acentúa en las noches regadas con alcohol y humo y centelleantes desilusiones vagas como apostarse en una barra y dejar el extremo libre al que vendrá. Como responder sin ganas inclinando el cuerpo para ti o echándolo hacia atrás hasta perder el instinto espacial y caer de cráneo. El taburete es demasiado alto y la caída mil centímetros fuera de ningún orden.

Desconozco si tú eres uno de esos tarados porque desapareciste con ellos. Si me hubieras dado la dirección iría a verte. Quizás te hayan ocultado en una construcción rodeada de pinos y arizónicas. O vivas cerca de las vías y hagas pintadas cada noche en las paredes de los vagones de mercancías donde el óxido puede a la opacidad del polvo. Puedes contarme que fue un error de diagnóstico o que el juicio popular fue declarad0 incompetente. Puedes contarme todas las mentiras porque me obligué a creerlas y ya la sinrazón es la razón más poderosa.

Quizás puedas escapar y organizar un encuentro fugaz y clandestino. Después regresaremos a nuestro encierro. Tú por enfermo y yo en condición de amante del enfermo. Al fin y al cabo nos merecemos la intromisión en las conductas fáciles. Cada nuevo contacto nos acercará inevitablemente sin la obligación de dar marcha atrás. La tendencia es otra. No nos echaremos de menos porque sabemos que la conducción entre tú y yo se requiere y transmite en cada nueva piel. Es la querencia de los animales que intuyen la tierra de santos.