12 noviembre, 2009

La contradefensa de la lectura

Leo mal, últimamente.
Me frenan los ensayos y más las novelas.
No es falta de inquietud.
Solamente es que no llego a las páginas.

Mentira.
No tengo inquietud por nada que esté grabado o impreso.
No importa el formato.

Me gustan sin embargo los percheros de aquellos diarios extra, extra, extra.

Me hablan de una librería con más de cien libros en idioma inglés;
de un Londres de los años 50.

Trato de distraerme con los relatos de cocina y los cuentos de Cunqueiro.
Otra vez más, Cunqueiro, como aquel otro, ha llegado sin hora.

¿Avisando? Da lo mismo que se haya anunciado o no.
Cunqueiro y aquella librería con cien ejemplares en un Londres adonde se viajaba para cuidar niños y robar libros.