21 enero, 2010

Miraba el tiempo


Miraba el tiempo a través de la ventana del dormitorio. Y el tiempo no se movía, permanecía en un estatismo impasible. Pensó que había enloquecido, pues desde que fue un buen estudiante de bachillerato sabía perfectamente que el tiempo nunca se detiene, ni siquiera cuando parece que se inmoviliza.

Pero aquella tarde era diferente. Por mucho que cualquiera le pudiera demostrar que, como cada día desde que el universo existe, el tiempo proseguía su camino infinito, él sabía que no avanzaba.

Ese silencio absoluto, esa ausencia total de ruido...

¿Y aquellos gestos lejanos...? Él sabía que el tiempo se había detenido y que no volvería a arrancar.

Nunca.