22 febrero, 2010

El avión de juguete

Volví a mirar hacia el cielo negro tras las ventana. Reaccionar me llevó algunos minutos, hasta que finalmente cogí mi chaqueta y me palpé los bolsillos del pantalón para comprobar que en ellos estaban mi teléfono y mis llaves. Me puse la chaqueta y coloqué el teléfono que me había dejado Kwan en el bolsillo interior, después, cargué la mochila en mi hombro izquierdo con sumo cuidado. Era una pluma en comparación con el peso del alma. Caminé hacia la puerta del apartamento con la vista clavada en ella para no verme reflejado en los espejos de la pared y, al cruzarla, tuve la extraña sensación de que no volvería a hacerlo más, probablemente por lo mucho que lo deseaba.

Eran las seis menos cuarto y eché a andar calle abajo. La madrugada comenzó a tomar tonos levemente rosáceos y anaranjados, y yo sentía que no era digno de caminar

bajo un cielo tan hermoso. Los pasos que daba los daba por pura inercia, en línea recta, hacia el lugar indicado. Noventa, o quizá cien pasos más tarde, ante la visión de la pequeña cafetería empecé a sudar otra vez y a sentir unas terribles palpitaciones que me obligaron a sentarme en la escalinata de una casa en la acera de enfrente. Faltaban siete minutos para las seis. Un hombre alto y delgado, de unos cuarenta años y abrigado hasta las cejas se acercó hasta la puerta del local, se agachó para quitar el candado de la puerta de hierro y luego la subió hasta la mitad, dejando un espacio por el que pudo entrar en cuclillas. Inmediatamente se encendieron las luces interiores, el único indicio de vida en aquella calle en medio de la quietud y el silencio propios del alba.

"El avión de juguete" Novela corta gratuita y por entregas que puede leerse en su totalidad pinchando en el enlace