08 febrero, 2010

Mujer superficialmente profunda

Me siento inútil, sin progreso ni evolución. Me siento estancada. Llevo con el mismo tinte en el pelo más de un mes. No ha habido una buena fiesta para mi “high-class” que me haga lucir novedades en forma de mechas o nuevo corte tintado. Me siento media inerte. Hace un tiempo que no me he comprado nada con osos o con CHCHCH en sus estampados. La báscula siempre me marca los mismos kilogramos de carne y piel de naranja, y el gimnasio, con su cuota mensual, no me regala una sorpresa en forma de bajada numérica. Me siento algo acabada. Mis uñas tienen el mismo esmalte casi perfecto que no alcanza la perfección y mis dientes son casi blancos impolutos. Casi blancos. Casi. Me siento mujer a medias, mujer objeto, mujer florero, mujer confusa, mujer sin libido con marido perfectamente hombre, perfectamente adinerado, perfectamente maduro y estable. Mi móvil de última generación dejó atrás su novedad hace unas semanas. “Call me” –amiga- “I need to talk with you, darling… kisskiss”. Todo avanza tan rápido, hasta mis patas de gallo disimuladas con tanta crema empiezan a ararse en surcos fuertes de piel. En fin, aún me queda mi vieja cartera CHCHCH y estos colgantes con osos ricos y simpáticos. El espejo me sonríe dientes blancos y tinte desgastado. Taconeo un poco con mis botas de piel y doy más pasos hacia lo que soy. Las tetas están caídas y grandes, sostenidas en arcos de encajes bien duros y sexys, bien guardadas desde hace tiempo. Me acepto, y el pintalabios color rojo-pasión-de-moda-que-toca, me repasa mi confianza y subraya fuerte estas reflexiones tan profundas. Sí, soy más superficie que interior.