14 febrero, 2010

Y aunque mis poros beban de tus poros

Para Marián, obviamente
Diluirme en el latido de esta tarde,
ser invisible entre sus pliegues de oro,
montar sobre su espalda de rubíes,
sobrevolar praderas, llanos, ríos,
hasta alcanzar el lago de tus ojos,
y allí olvidar toda memoria inútil.


Y claudicar feliz de esta batalla
donde una espada interminable vuela
ungido el filo con ponzoña y rabia:
colmillo sobre arterias inocentes…
Y fundirme en la luz de las estrellas,
y atravesar el vuelo de tus sueños,
y vencer a tus monstruos y fantasmas
hambrientos de tu piel estremecida.


Desleírme en el aire que respiras
y huir hacia el sendero de tu sangre
para ser tú y no ser el yo que sufre
pues no desaparezco en tus entrañas
pues no soy llama dentro de tu fuego…
Y aunque mis poros beban de tus poros,
es infinita sima infranqueable,
esta distancia hasta tu esencia, amada.