04 marzo, 2010

El mar de tu vida

Tirado en la arena, contemplaba el ir y venir de tus constantes desolaciones.
No eras capaz de mantener un ritmo, ni de utilizar tu espuma blanca de forma suave para cubrir las continuas horas, día tras día.
Batías con fuerza tu ira, tus desengaños, tus frustraciones y desasosiegos, y cuando mis fuerzas flaqueaban y parecía que tu furia me vencía, volvías a ser mansa y dulce, y me embriagabas con tu paz.
¡Cuánto desconcierto a lo largo de la vida, cuántos baños de incongruencias suavizados por el embrujo de tu sonrisa!.
No sé si entenderé por más tiempo estos cambios inesperados, no sé si podré soportar más tus tempestades, ni sé si la ola gigantesca que a veces descargas con esos gritos y aspavientos, las podré seguir acallando con dignidad.
Tu mar es muy bello, pero a veces no me seduce como antes.