03 marzo, 2010

Motivos Motivados


Su motivación no era el culo de vértigo que tenía su secretaria, a él lo que le ponía en pie de guerra era ver los zapatos que su secretaria traía diariamente y como caminaba felinamente sobre la alfombra de su despacho hasta que llegaba y se sentaba en la silla confidente frente a él, con su lápiz en la boca. Un pequeño lápiz que mordía siempre y del que solo quedaba sus hebras, mientras escuchaba las órdenes laborales del día, confiriéndole una imagen de bajeza que no correspondía con el tipo de zapato de tacón alto y glamuroso con el que se calzaba. Ese contraste le motivaba aún más.
 Fernando para retornar al sosiego miraba el nadar del único pez que habitaba en la pecera de su despacho de dirección.

Texto:  Francisco Concepción Alvarez
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