14 marzo, 2010

Padre

Llega la noche, e irremediablemente me llamas, apareces en mis pensamientos con todos los momentos vividos juntos.
Me pregunto si realmente te metiste en mi y me sigues guiando, si esas historias que contabas y alegraban los días, iban encaminadas solo a divertir, o tenías la certeza de que continuarían protegiendo la integridad de la niña a la que le encantaba escucharte.
Me das la mano en la sombra, me dejas huérfana de tu alegría, pero me haces que vea la vida desde tus ojos, desde tu filosofía de hombre recto y sereno, desde la vitalidad de tus ilusiones.
¡Qué incongruencias tiene la vida!, cuando vivías nos pasábamos días sin hablar, ahora que no estás no hay una sola noche que no hablemos a escondidas, en nuestra oscuridad y con los ojos cerrados, pero con mi alma puesta en ti.
Nunca te dejaré ir en paz, porque no quiero perderte...