24 mayo, 2010

Que descanses



La mujer que dejaste viva, la aurora, te desnuda delante de todos. Abre los cajones y vende tus secretos. Dice que los mediocres necesitan entenderte. Supongo que ella también.
 
¿Qué te parece, Julio? ¡El making of, joder, qué manera de empezar!
¿La firma? El John Cruz, que escribe: Esas cartas serán ahora un libro que, según algunos entendidos, es mejor que la novela en la que la gente descubrió el genio diverso y divertido de este solitario de París que ya había sido solitario en Buenos Aires…
Genio, solitario, diverso, divertido. París. Buenos Aires, entendidos, mejor.
Todo eso sabe el cariñoso escritor que te ignora por muerto. El irrespetuoso. Pero siendo mayor no sabe que a la literatura no hay que entenderla, sólo sentirla. Las babas de su discurso le obstruyen el cerebro como al resto de famas pobres y cronopios ricos; exclusivos en su ceguera, en sus limitaciones.
Te ponen en pelotas para encontrar el por qué de Oliveira, de su estilo.
Pulen tus huesos por la pasta que no aparece con los nuevos, con los ingenieros de la escritura calculadora en mano.
Tiempos difíciles, Julio.
La mierda flota y sobrevive en descomposición, escritores, explicadores, y aquí huele huele.
A fondo quieren conocerte los gusanos que te comen veinticinco años después.

Dile a Rocamadour que no levanté su fría cabeza.
Dile a la Osita que respire profundo y se duerma de nuevo.
Quizás encuentren en alguna de esas cartas un rastro de mate, una r de más,

pero el dolor y la belleza, los trucos buenos, se fueron contigo. Que se jodan. La maga pasa de psicólogos.

No voy a leer tus cartas.
No quiero entender ni saber el por qué.
Me da vergüenza.
No podría mirarte a los ojos nunca más.
No podría sentarme contigo como ahora. Fumar y dejar que los conejitos verdes salgan haciéndome cosquillas en la garganta. Y Jazz.
…con muchachas que prefieren bailar mientras escuchan Star Dust o When your man is going to put you down, y huelen despacio y dulcemente a perfume y a piel y a calor, se dejan besar cuando es tarde y alguien ha puesto The blues with a feeling y casi no se baila, solamente se está de pie, balanceándose, y todo es turbio y sucio y canalla y cada hombre quisiera arrancar esos corpiños tibios mientras las manos acarician una espalda y las muchachas tienen la boca entreabierta y se van dando al miedo delicioso y a la noche, entonces sube una trompeta poseyéndolas por todos los hombres, tomándolas con una sola frase caliente que las deja caer como una planta cortada entre los brazos de los compañeros, y hay una inmóvil carrera, un salto al aire de la noche, sobre la ciudad…
Buenas noches Julio. Que descanses.