28 mayo, 2010

Rockero Carnal



Cae la noche y todo queda en perpetuo silencio; mis oídos solo pueden percibir la sinfonía musical proveniente del tic tac del reloj al marcar cada segundo recordándome mi existencia, como también el compás que sigue mi flujo sanguíneo simulando la melodía de un piano que al abordar al corazón mediante la diástole y sístole adjunta el preponderante sonido del bombo, y ni qué decir de mis conexiones sinápticas, las cuales aportan el excitante chirrido de la guitarra, teniendo como acompañamiento vocal el crujir de mis vísceras que a una sola voz pregonan su falta de alimento. Y de allí surge mi respuesta a el constante interrogante que me es formulado: ¿ por qué no puedes dormir?, y cómo hacerlo si cada vez que me dispongo a ello presencio un magnífico concierto de rock donde el único espectador es mi ser clamando un espectáculo musical por lo cual, sólo me queda chasquear mis dedos para tratar de ir al ritmo de la música y abogar porque mis pupilas se encarguen de los efectos visuales.
Es así como cada noche puedo vivenciar el tan anhelado sueño de muchos que se desviven por asistir a los grandes conciertos de sus ídolos, personajes públicos que llegan a denominar "estrellas", y qué más grande estrella que mi escultural saco de huesos y músculos...mi amado cuerpo.