13 mayo, 2010

Tiene los pies fríos

 
Tiene los pies fríos, siempre los tapa con el mismo cojín. También el pelo alborotado. Creo que hace una semana que no se peina. Se asea lo justo para no oler y se retoca lo
justo para aparentar. Cada cinco minutos muerde sus uñas, sus cueros. Los dedos todos destrozados, unos dedos nada femeninos. Come y llena siempre la boca. Es de lo único que se llena la boca, porque hablar, habla muy poco. Al beber tupe el buche y al eructar parece que va a explotar. Fuma también demasiado y se echa a dormir con la manta encima aún cuando hace mucho calor. Sonríe sólo cuando los demás lo hacen, y sobre todo cuando la llama una amiga y la obliga sutilmente. Su amiga sabe hacerlo, yo no.
       Convivo con ella porque no me queda otro remedio. Sigue siendo una excelente sirvienta, la de siempre, lo lleva innato. Frega, barre y se encarga de la ropa con una dedicación admirable. A veces no ayudo simplemente para dejarle algo que hacer. Sé que si no tuviera todo eso se ahogaría. A la perra se le está poniendo la misma cara que a ella. El chucho la ronda por el patio siguiendo su estela tenue, intentando recibir cariños y jue
gos que murieron hace un tiempo.
       Ojala pudiera regresar de nuevo a mi hogar, pero soy un orgulloso. Hace unos cuatro años que decidí abandonar el nido, ir por mi cuenta. Ahora no tengo hogar pero tengo más independencia.
       Regresa del patio. No ha jugado con la perra hoy tampoco. Ni tan siquiera le ha hablado. Vuelve a su sala de estar. Se queda en silencio, sin nada que contar, como siempre. Sigue con los pies fríos y con el pelo alborotado. Salta a la vista lo segundo. Y lo primero es el resultado de su espíritu, aunque se empeñe en  taparlo.
       - Hoy es el día de la madre, ¿crees que deberíamos volver a casa? -le pregunto para hablar de algo-.
       Me mira sentada desde el sillón de la sala. Tiene la misma cara que la perra.  A veces no se sabe quien es quien. Luego encoge los hombros a modo de contesta. Sigue ocupada, engulle televisión. Coge el cojín y cubre sus pies. Siguen fríos… aunque se empeñe en taparlos.