21 mayo, 2010

Veinte de mayo del dos mil diez



Mi mirada se desliza sobre un carril a lo largo de la línea escrita; estoy atento al juicio del porvenir. Cuando esta palabra, "destino", atraviesa mi pensamiento, pasa como una estela de cometa sobre continentes inmensos, sombríos, aun esponjosos,

Me siento al borde de la exclusión eterna.
Cerca de los abismos, bajo el planeta de los hombres,
no quedara de mi personaje más de lo que pueden contener mis textos,
donde veo componerse mi sola imagen transmisible,
chata como un grabado, muerta como una estatua, falsa como la historia.

Tantas visiones deslumbrantes, repentinas, tantas respuestas casi alcanzadas al termino de laberintos oscurecidos, tantas veces la certidumbre evaporándose cuando por fin creí alcanzarla; todo esto es incomunicable y es lo que debe disolverse sin retorno, en medio del universo.
Después esa sorpresa permanente , casi natal, de que el mundo fuera tan grande y los actos humanos tan pésimos.

-¿quién diantres podrá arreglar todo aquello?-

Solo yo sé como he vivido y de que fuentes he bebido.
Solo yo sé que, extraño entre los humanos, he llegado hasta los muros del exterior, que he chocado cada día contra la negra pared que encierra el conocimiento y que habiéndola bordeado encontré las puertas, percibiendo el infinito.