24 julio, 2010

“Mátame… pero de placer” (A mi enemigo)





¡Me vuelves loca! Te decía porque sabía que no me oías…
Así empezó todo, con una imagen que me impedía conciliar el sueño. El calor extremo del sur penetraba alcanzando los 40º en mi estudio, donde pasaba las horas mirando tu fotografía, contemplando esa ostentosa belleza que me retaba.
No pude contenerme, y entré en tu vida como un vendaval, arrasando lo que encontraba a mi paso…y te armé la de Dios en un santiamén. Serán cosas del destino.
Mi mirada en la tuya. Camino despacio y me acerco sigilosa para posicionarme frente a ti. Mis tímidas manos rozan tu cuello y atrapan tu nuca, mientras muerdo tus labios, beso tu barbilla y tu nuez. Tu boca se posa en mis labios con urgencia, mientras deslizas los tirantes por mis brazos, quedando mis pechos al descubierto, desprendiéndome del resto del vestido que se desliza por mis piernas. Y empiezo a desabrochar los botones de tu camisa, acariciándote la parte interior de los antebrazos, los músculos tensos de tu espalda que recorro con mis dedos…te beso el torso… _¡esto debería estar prohibido!_, acto seguido tu cuerpo responde con un escalofrío de placer que recorre tu suave piel.
Me aprietas fuerte contra ti. Me cuesta respirar. Y en un descuido aprovecho para bajar la cremallera de tu pantalón. Ahora me besas excitado y te vuelvo a mirar insinuante. Una sonrisa picarona se dibuja en tu cara _ refleja que vas entendiendo el juego_. La curiosidad insaciable de tus manos recorren toda mi anatomía, y el deseo empieza a desbordarse por momentos. Tus manos se detienen en mis muslos, acariciándolos sin tregua, pero con lentos movimientos para retardar el orgasmo antes de entrar en combate cuerpo a cuerpo.
La excitación no cesa, y mi respiración se agita cuando me muestras tu astuta artillería, donde me transportas a mundos desconocidos e insospechados.
Tus fuertes brazos me levantan del suelo y mis piernas rodean tu cuerpo deslizándonos hasta caer para yacer tumbados jadeantes. Y sin darme tiempo a recuperarme de las emociones que me provocas me estremezco y me rindo en tus brazos.
Cuantas veces lo habremos soñado y cuanto miedo nos da.

Texto: Minerva López