26 julio, 2010

Armónica




Hace tiempo que no tocas la armónica. Recuerdo que solo con oír una vez una canción que te gustaba podías interpretarla sin más. Las notas salían primero con algún titubeo, algunos compases con más de una prueba, pero en pocos minutos nos deleitabas como si formara parte de tu memoria, como si la hubieses tocado miles de veces, como si la palabra esfuerzo no existiera para ti.
¡Intenta poner tus labios en ella!... ese sonido es mágico, sabes que logras llenar de placer los momentos. Nunca nadie te enseñó una nota, un día la acariciaste con la seguridad que sería tuya, la miraste sabiendo que no se resistiría al empeño de conquistarla, la envolviste con tus dedos haciendo que su sonido fuera moldeándose, igual que una silueta cuyo contorno construías una y otra vez, hasta lograr coordinar aire, instrumento, manos, postura …
Lograste vencer la ignorancia con el esfuerzo. Noche tras noche interrumpías el sueño con tu insomnio musical, hora tras hora conseguías dominar la estrecha caja plateada adornada con un panal de ricas notas.
Tócala de nuevo un poco, aunque tu aire sea débil, aunque la fuerza no te deje fabricar una simple armonía, aunque no puedas con la melodía completa. Llévame un instante a ese recuerdo, llévame un segundo más a ti.