03 julio, 2010

Quiero tener el eco de tu mirada...





Quiero tener el eco de tu mirada, de tu voz, quiero el eco de tu presencia en mi mirada, en mi latido. En cada paso que dé sobre la piel de este planeta, quiero embrazar el eco de tu presencia. La dicha de tus ojos que iluminan el discurrir de la mañana.
Nunca te olvides: hoy somos felices.
Aunque la vida dañe con sus uñas de felino, aunque se tambalee la piedra clave del edificio alzado con prudencia, aunque un túnel oscuro nos envuelva, nuestros latidos marchan al compás, y el cimiento será inmóvil. Que el mundo entero sepa nuestra dicha, y el universo aplauda, grite, vitoree, que un sideral escalofrío cruce por sus vértebras, que las estrellas ovacionen nuestros besos.
Mírame, estoy dispuesto a ser molécula, ínfima parte de hálito que vuela desde tu boca al cosmos. Lo que soy entero es todo tuyo siempre. La calma de la noche, este silencio..., esta quietud me inunda con tus ecos y me devuelve tu figura. Que tu risa no me abandone nunca, que los sonidos que flotan y me rodean, me alcen a tu altura. Quiero que continúe mucho tiempo (la eternidad entera si es posible), este sonido que me inunda de paz.
Sueño que acaricio tus párpados, liquen cálido que reposa entre mis dedos. Sueño que tus hebras, pedazo de sol que alumbra mis dedos, enarbolan deseos de justicia. Sueño con el perfil de tu fragancia. Sueño que estás aquí, junto a mis dedos hambrientos, ávidos, de ti sedientos. Fuego podría ser. Podría ser huracán, o podría ser tormenta. Lo más probable es que la onda expansiva de esta pasión indómita erosione mi corazón, o en dos trozos lo parta, que acabarán cayendo a tus pies.
Tu sonrisa ha durado, sólo, décima de segundo, mas vale el mundo entero, el cosmos detenido entre tus labios. El horizonte púrpura danza el baile de la felicidad. En la cima de la montaña, el aire sueña que peina cumbres, que fabrica bucles de organdí para que adornen de hilos de plata el sueño: luz precisa.