10 septiembre, 2010

Calmando la sed




Bébete la copa, Nicole
le dijo con severidad
pero ya no podía beber.

Insistió: le repitió
¡bébetela!, y ella no
respondió.

Su rostro contraído miró
al suelo, observándose a sí
misma, abatida, triste.

Él supuso que ya no le
apetecía, pues había calmado su sed
tragándose sus lágrimas.

Texto: Hosmán Amin Torres