25 septiembre, 2010

De la espera



de súbito una suave brisa envolvió a los dos señores que esperaban en el andén y un agradable aroma a jazmines se hizo presente.

-Les serviré de guía brevemente- era el anuncio de una voz femenina.

-¿Cómo así?- dijo impaciente el señor del reloj, deteniendo su mirada, absorto, en las vestiduras de aquella dama, cuyos vuelos parecían desvanecerse en su propio movimiento, generando la ilusión de transparencia.

Ella al verle incómodo le dice;

-la prisa vive en otro lugar, donde el oro aún corrompe. Aquí el tiempo no existe, su reloj perdió utilidad… su tiempo se ha ido- Aquella voz era tan diáfana que ahuyentó toda inquietud.

El hombre quiso responder con una mirada, mas no distinguía ningún rostro, entonces, la voz le dice:

- Debes cerrar tus ojos y descubrir el alma

-¿Y cómo hago eso?- Respondió el hombre, recordando que durante su vida, jamás aceptó que existía una.

-Lo sabes porque habita en ti- respondió la voz.

De pronto un éxtasis inusitado lo invadió, por primera vez se sintió en plenitud, en libertad y con una paz desconocida para él hasta entonces. Sintió un agradable calor en su rostro, la brisa y aroma previos, se integraban a él y una luminosidad extraordinaria le invadió. Entonces, dirigió su vista hacia la voz femenina y distinguió un rostro conocido,

-¡Eres tú mi amada!, en una expresión de júbilo, al momento de fundirse ambos en un abrazo anhelado y pendiente.

-Sí, respondió ella, sabía que vendrías y quise darte personalmente la bienvenida.

-Siento una inefable alegría que hasta hoy no conocía- le dice él a quien había sido su compañera durante largos años en vida.

-Y se pondrá mejor, pues podrás hacer lo que jamás te permitiste: Ser feliz.

-Ah!, que bien, maravilloso

-¿Y el otro señor dónde está? – preguntó el hombre, intrigado

Ella responde: Aún tenía cosas pendientes y debió tomar un tren de regreso….


Autor del texto: Jesslo