06 septiembre, 2010

La cena



Planeábamos la expedición que nos llevaría hasta la montaña más alta del Continente Antártico: El monte Vinson.
Dentro del iglú y alrededor de una caja llena de víveres nos dispusimos a repartir la cena.

El hielo comenzó a vibrar. Un oso polar se acercaba.


Entendí que el olor a comida le había atraído y que si le dejaba algo en la puerta se iría. Así lo hice.


Al día siguiente volvió, y al otro, y al siguiente.


Hoy, tengo más miedo que nunca: estoy solo en el iglú y ya se oyen los pasos polares.