13 octubre, 2010

Bajo un marco dorado una mirada oscura


Aquel retrato enmarcado, me persiguió durante mucho tiempo, encima de un escritorio que cada día cogía más polvo.
Despertaba de sueños alcoholizados y allí estaba ella, en su marco dorado, como el ángel que siempre fue. Nunca recordé si me dijo quién le había tomado aquella foto; pero a veces me daba exactamente igual.
Sus ojos negros, oscuros, me miraban cada día de forma diferente... ¿o era mi rostro pútrido el que se reflejaba en ellos?
Ella siempre dijo que fue casi una fotografía sin pensar: estaba con alguien, fumando un cigarro, y aquel la vio; de tal forma, que tuvo que verse obligado a captar ese precioso momento. ¿Le habían hablado los ojos como me hacían a mí?
Nunca lo supe.
Ella se fue y me dejo ahogando mis penas en un líquido tan dorado como ese marco...
Lo único que pude hacer, es intentar gritar algo que nunca quiso salir. Enfadado, di con la botella medio vacía (de mi amigo Jack) en el retrato que cayó al suelo, partiéndose el cristal en miles de pedazos.
Ahí fue cuando el recuerdo más doloroso de mi vida saltó ahogándome, ella cayendo.
Rápidamente intenté salvar al menos lo que pude. Dejé la botella en la basura y me hinqué de rodillas, clavándome los cristales, haciendo sangre en mis pies, sólo para ver como el cristal se tiznaba de rojo; como si ella me mirara desde allí con esa mirada, como si llorara sangre... ¡¡¡Aquella sangre suya que derramó por mí!!!
Hice lo que el alcohol me dio de valor. Cogí un trozo de cristal y lo acerqué a mis muñecas…
Mientras la vida se me escapaba; mientras la moqueta empezaba a boquear, como un pez que necesita el aire, sacado del agua marrón del pútrido rio; mientras se convertía en un lago Estigie de color rojo. Únicamente veía a ella cayendo, sus lágrimas sobre su rostro mientras su negra melena ondeaba al viento.
Y en mi pronta muerte, oyendo ya las paladas de un Caronte cansado, con un farol moviéndose al ritmo de ellas, solo podía sonreír… No por lo que la hice hacer, si no porque dentro de poco esperaba encontrarme con sus labios estuviera donde estuviera.

Autor texto: Willam Ernest Fleming