12 octubre, 2010

Un hombre malo



Entonces viéndose al espejo, se dijo con voz grotesca:
Me cansé de llevar a cuestas la vanidad de querer ser otro, me parece patético el hecho de tratar de agradarme a mí mismo y saber que al final, no lo conseguiré. Soy malo, eso es lo que soy, malo. Un ser que brota en todo su esplendor cuando triunfante en una explosión prodigiosa de artimañas y malicia, goza de la esencia momentánea de no sentir piedad. Ya, a estas alturas no podré mentirme, no permitiría por ingenuo, ahogarme en falsedad de la rutina, de una mentira, atrapado en un fingir, que hipocresía. No me queda cosa mejor que hacer que lo que mejor hago, ser malo, disfrutarlo, sentirme realizado tras hacer una maldad. Soy hablador, cruel, desconsiderado, mentiroso, odioso, amargado, infame, canalla, vil, sucio, asesino, estafador, un lacra, no existe el infierno sino aquí mismo, aquí conmigo, yo tengo mi infierno, escogí vivir en el, ¡estoy viviendo en el! , yo soy mi infierno, ¡mi infierno soy yo!.


Soy pérfido, de muchas formas, formas especiales, únicas, muy particulares, cuidadosamente elaboradas para en caso de ser necesario, embestirlas desapercibidamente causando por sorpresa de quien no esperaba, un mal exquisito y gozador. Es como un arte que por naturaleza se me es gratificante, me hace ser sincero, me llena. Es algo que ya es parte de mí, soy quien soy y como no seguirlo siendo. Me acostumbré, me gustó, me empujaron a serlo y ¿quién soy para negarme o ceder?, quién sino yo, un hombre malo, si, un hombre malo.


Texto: Hamilton Hernández