18 octubre, 2010

Crónicas de la Raedura


Nadie les creyó cuando decía que oía sonidos en el techo, que alguien o algo vivía en el sótano y bailaba en la buhardilla. Nadie le creyó aún cuando se voló la cabeza con su escopeta después de pintar toda la comisaria, con lo que según él, decía era las palabras del "gusano". Nadie le creyó cuando él, el sheriff, se arrancó un ojo diciendo que detrás de él podría ver la verdad... Nadie le creyó cuando descubrieron en su buhardilla los cadáveres de cientos de niños y cuando le encontraron riendo en el sótano oscuro dos días después de haberse suicidado.