25 octubre, 2010

Pésame


La anciana lloraba sentada en un banco del cementerio. Se enjugaba las lágrimas con un pañuelo de tela y se movía espasmódicamente al ritmo de sus hipidos. En su regazo mantenía un bolso negro fuertemente apretado. Una chica, que llevaba un ramo de flores en la mano, se acercó a ella.
— ¿Se encuentra bien?
La mujer, sin levantar la cabeza, respondió que no.
— ¿Le puedo ayudar?
La mujer profirió un largo hipido.
— Es muy dura la muerte de los seres queridos — añadió la chica.
— No es eso, hija, no es eso, es que me acaban de robar.
La chica dejó el ramo de flores en un extremo del banco, y se sentó junto a ella.
— Lo siento. Hay mucha gente desalmada por el mundo. Dígame ¿Le han robado mucho?
— Casi todo lo que llevaba. Sólo me han dejado esta pulsera de oro y el dinero que llevo siempre escondido en el bolso.
La chica, entonces, sacó una navaja del bolsillo.

Autora: Elena Casero Viana