27 octubre, 2010

Qué sería yo sin mi mujer



Lucía se coloca encima mía, justo sobre mis rodillas. Me coge por el cuello, me acerca a su boca y empieza a hacerlo cómo a mi me gusta: primero, me la pone tiesa, con delicadeza, poniéndola a punto para lo que viene después. Entonces, con habilidad, la mueve de un lado a otro, por aquí, por allá, hacia abajo, hacia arriba, siempre sin perderme de vista… y por fin, sonriente y complacida –igual que yo-, remata su preciso ejercicio con un último y certero movimiento. Aliviado –qué sería yo sin mi mujer-, me voy a trabajar. El nudo ha quedado perfecto.

9 comentarios:

  1. Sorpresón! No aprendo y siempre me inclino por el lado placentero del asunto.
    Muy bueno.

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  2. Nos has sacado una sonrisa a más de uno de los que te hemos leído. Buen micro.

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  3. ¡Qué mal pensada soy!
    Estupendo, Daniel

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  4. Esto de no saber hacer el nudo tiene sus ventaja. Muy bueno Daniel.

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  5. Buenísimo, está tremendo, Daniel

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  6. Muy bueno, ocurrente, con esa chispa final que te hace sonreír un buen rato

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  7. Es genial ser tan mal pensada...

    Buen giro.

    Saludos

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  8. Muchas gracias por los comentarios.

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