15 noviembre, 2010

Crónicas de la raedura

"Cada vez que en su espejo miraba, veía la fealdad inexistente en verdad. La mente puede hacer cosas peores que el dolor de la carne. Los habitantes de la raedura eso lo saben y los reflejos, los espejos son semi-puertas a ese mundo; son como las ventanas de una casa, cada uno a un lado puede ver e interactuar levemente con el otro.
Eso es lo que todas las mañanas veía lo que no había pero si existía. Su propio ser pero no ser. Una versión dolida, machacada, muerta, de su espectro.
Y ese día no soportó la visión.
Acercó la cabeza lo más cerca posible del espejo, para producir el vaho de su respiración. "Ojala te pudras para siempre" Le dijo a ese reflejo muerto.
Y hundió la cabeza en el espejo.
Sólo pasó dos cosas:
Una.- En un milisegundo, la ventana se convirtió en puerta y su cuerpo se transportó a la raedura, formándose ondas en la superficie, comportándose como un líquido. La calma reinó de nuevo en la superficie del espejo símil a cuando tiramos una piedra en un estanque.
Y dos.- Podéis creerlo o no creerlo pero también ocurrió que el reflejo del espejo rió, pues la cabeza al hundirse se estrelló contra lo que era un simple espejo. Ella agonizaba con la cara partida, el cráneo abierto en el lavabo. En los trozos, pegados aún al marco y en aquellos alrededor de una agonizante efingie sangrante. También reía el habitante de la raedura."

Texto:  Willam Ernest Fleming