15 noviembre, 2010

Sus ojos


Sus ojos me atrapan. Su luz, la alegría en su brillo. La mirada de sus ojos me transporta, me llena de un regocijo que me devuelve a mi niñez. El cálido verano en su pelo es aquel cálido verano en mi pelo. El mismo escalón, la misma casa, pero él y yo no somos los mismos… aunque no pueden haber dos personas más parecidas. Si acaso, hace años cuando yo también era niño, mi padre al mirarme sentado en ese mismo escalón, de esta misma casa, también se sintió atrapado por mi mirada. Su mirada.
¿Cuántos veranos, de cuántos años, de cuántas infancias habrán revivido cuántos padres mirando embelesados através de los ojos de sus hijos? Es un milagro, el tiempo se funde y por un instante, la herencia se concentra en un punto, en un iris de bellos colores, los de mi hijo, que también me mira y sonríe, y en sus ojos veo reflejado a mi padre mirándome con mi misma cara, aquel día, de aquel cálido verano. En aquel escalón, de aquella casa….

Autor: Carlos Quesada