22 noviembre, 2010

La literatura nazi en América




Literatura nazi en América
Roberto Bolaño
Editorial Seix Barral
Barcelona, 1996
Crítica: Tomás Rubial

La muerte de Bolaño no sólo no ha impedido su entronización (merecida probablemente) como uno de los mejores novelistas del último cuarto de siglo, sino que se ha producido una especie de unanimidad generalizada y sin fisuras sobre esa excelencia, tal vez porque su ausencia le evita verse envuelto en las disputas de egos, escuelas, tendencias y hasta editoriales, como porque ya no podrá escribir nada que rebaje la excelencia de “”2666” o “Los detectives salvajes”, obras ante cuya al parecer indiscutible grandeza uno no puede menos que reconocer su relativa ceguera, ya que es obvio que el problema es de los pocos que no nos quedamos embelesados: ambos me parecen libros buenos, estupendos, pero de ahí a esa especie de admiración ciega que seguramente no tenía precedentes en la literatura en español desde “Cien años de soledad”, por citar un texto que parece también más allá del bien y del mal y sin duda merecidamente, hay una larga distancia.

Vaya por adelantado que ambos libros,
Los detectives salvajes” y “2666”, me parecen tan buenos como excesiva esa admiración y excesivos ellos mismos, sin ir más lejos en su extensión y que-siguiendo el mismo hilo argumental- Roberto Bolaño es un buen o muy buen escritor y sólo esa incapacidad mía me impide elevarle al olimpo. Una vez hechas esas me temo que cansinas consideraciones previas, el libro que nos ocupa, “La literatura nazi en América”, me parece más de lo mismo: a algunos les parecerá una prueba más de la grandeza del escritor total, otros vemos en la obra una ingeniosa y divertida demostración de fuerza, un texto original y que se lee con facilidad y poco más: se trata de uno de esos libros cuya idea o planteamiento nos resultan más atractivo que el posterior resultado final. Concebido como una especie de diccionario literario tradicional, la obra recrea la vida y obra de una serie de escritores apócrifos sudamericanos que en distintos momentos del siglo XX mantuvieron con mayor o menor intensidad una especie de fidelidad literaria, ideológica y hasta vital a ese ideario nazi. Como ocurre con esos diccionarios, el libro se divide en una serie de capítulos, “Los Mendiluce”, “Los Héroes Móviles o la Fragilidad de los Espejos”, “Precursores y Antiilustrados”, “Los Poetas Malditos”, “Letradas y Viajeras”, “Dos Alemanes en el Fin del Mundo”, “Visión, Ciencia-Ficción”, “Magos, Mercenarios, Miserables”, “Las Mil Caras de Max Mirebais”, “Poetas Norteamericanos”, “La Hermandad Aria”, “Los Fabulosos Hermanos Schiafinno”, “Ramírez Hoffmann el Infame” y “Epílogo para Monstruos” que adelantan el contenido, en el que aparecen breves(a veces muy breves) biografías y reseñas de los diferentes autores e incluso una relación alfabética de autores, revistas y libros.
Roberto Bolaño se mueve con soltura por los terrenos de la parodia y el texto inventado, algo que tanto gustaba por ejemplo a Borges, y no sé si la comparación habría sido de su agrado, y va tejiendo este juego intelectual con la soltura que evidentemente poseía, no ya literaria, sino también intelectual. Un ejemplo breve, tomado de esa relación de autores da buena idea del tono de la obra: “Duquesa de Bahamontes. Duquesa y Cordobesa. Y punto. Sus amantes (platónicos) se contaron por cientos. Problemas de orina y anorgasmia. En la vejez, buena jardinera”. Originalidad en los planteamientos, sin duda, una notable facilidad para la ironía y la burla de la cultura oficial y cierto aire de divertimento con escaso recorrido me parecen las señas de identidad del libro.