23 noviembre, 2010

Solo del pie derecho



–¿Sólo del pie derecho?
–Sólo.
El policía miró al detenido con curiosidad. Parecía un tipo normal, mediana edad, ni alto ni bajo, ni guapo ni feo. Alguien que pasaría desapercibido incluso encontrándose sólo en una habitación.
–Y ¿está seguro de que las otras veces también ha sido él?
–Hombre, seguro, seguro, no… pero no me negará que tiene toda la pinta.
–Ya, pero entienda que no se puede formular una denuncia sin estar seguro.
–Pues póngalo como sospechoso.
–Si no le importa, eso de “sospechoso” lo decidimos nosotros.
–Vale, vale… lo que le digo es que estoy convencido de que las otras veces también fue él.
–Pero no tiene pruebas ni recuerda haberle visto.
–No, pero tengo ojo para estas cosas.
–Está bien, vamos a dejarlo así… esta vez le hemos cogido y se sospecha que pueda haber actuado anteriormente.
Mientras el dependiente y el policía continuaban con los trámites, el detenido permanecía quieto, casi sin pestañear, con una expresión desolada y abatida. El otro policía, el más joven, no le quitaba ojo. No parecía un tipo peligroso, a fin de cuentas solo había cometido un hurto menor, pero resultaba tan chocante.
–¿Por qué sólo del pie derecho? – le preguntó al detenido.
–Ya ve…
–Hombre, no es habitual.
Tirando del hilo en un interrogatorio que más parecía una relajada conversación de sobremesa el detenido lo contó todo.
Se había especializado en esas zapaterías siempre atestadas de gente. Entraba, daba una vuelta, miraba, elegía y cuando encontraba el modelo que le gustaba se las arreglaba para esconderlo en alguna bolsa de plástico llena de otras compras. En esas tiendas los zapatos no tienen chivato. Sólo exponen el del pie derecho y ¿quién va a querer un zapato para un solo pie?
–Vamos a ver, el método lo entiendo pero ¿por qué?
–Por amor.
–Ya… una novia coja ¿no?
–No señor, ella tiene dos pies.
–¿Entonces?
–Llevo años buscándola, a mi princesa, a mi cenicienta... sin zapato nunca la encontraré.
Texto: Mayte Sánchez Sempere