20 noviembre, 2010

Paralítico


La vida me ha devuelto a tu altura, mi pequeña saltarina de ojitos juguetones.
El único privilegio de estar en este nivel, es verte la cara de cerca, saberte siempre porque te encuentro en mi nuevo dominio. Tu espacio, desconocido en el tiempo, ha subido para mostrarme tu cara de felicidad, devolviéndome la ilusión.
La mayor alegría en este mundo de ruedas es sentarte en mis piernas inmóviles y notar tu quietud para evitar el daño imperceptible. Llevarte al colegio, girar tu diminuto cuerpo y rodearme con esos brazos que ya no les cuesta llegar a mí.
Paralítico, ciego de silencios, así se construye la realidad, a golpes de mazos que te hacen caer alturas de vértigo.
Inválido de hecho, cuando comprendemos la crueldad, es cuando abrimos los ojos de la ignorancia y despejamos la evidencia de lo realmente importante.

Ilustración: Inma Vinuesa