20 noviembre, 2010

Vaya borrachera



No hice mucho caso al doctor cuando me explicó en qué consistía el transplante de hígado de donante vivo. Por lo visto, me quitarían una parte para colocarla en mi hermano mayor. “Ambas porciones crecerán con el tiempo hasta convertirse en un órgano completo”, creí entender. Yo solo pensaba en cuánto me avergonzó llevar la camiseta de Naranjito en los noventa, resobada por el uso del primogénito. Recordé los libros pintarrajeados que encontraba al principio de cada curso. “Sería conveniente que, hasta la intervención, no ingiriera alcohol”, me dijo el médico. Pero esto último no lo escuché, lo juro.
Texto: Pablo Garcinuño