08 diciembre, 2010

Autodeterminación

Le resultó curioso observar la actitud del pequeño pajarito saliendo y entrando de su caja de madera. Hacían falta exactamente dos tazas de café y cuatro cigarrillos para volver a verle la cara. El esfuerzo sobrehumano que solía hacer para que eso cambiase era totalmente inútil, aquel pajarito cerraba con llave su puerta y de golpe salía a saludar. Eso sí, únicamente cuando él quería.


Texto: Iria López Fernández