08 diciembre, 2010

Dos segundos después


Su mano me contuvo en aquel momento, dos segundos antes de que, con total seguridad, respondiera a la provocación girándome para exigir una disculpa ante el soez comentario que, con voz ronca, vociferó al pasar a su lado. La suave presión en mi brazo, me hizo dudar, cuatro segundos antes de que aquel joven de ojos enrojecidos, a todas luces ebrio y pasado de coca, respondiera encarándome con violencia. Su voz instándome a dejarlo pasar, me retuvo lo suficiente, ocho segundos previos a que la hoja de una navaja brillara a la luz de las farolas, penetrara entre mis costillas y me garantizara una muerte diferida, sin que la ambulancia pudiera hacer más que colorear con luces naranja la escena. Su mirada fue decisiva - nunca he podido resistirme a ella-.
Dejando de lado mi ira, olvidé girarme y seguimos de largo. Dos segundos después, el individuo escupía al suelo con desdén sin apartar la vista de nosotros. Una navaja, en el fondo del bolsillo de una chaqueta, olvidó regalar su brillo a la noche.
Autor: Carlos Q.G.