03 diciembre, 2010

Cartas



Todas las mañanas esperaba con impaciencia la llegada de su cartero. A veces incluso no podía evitar esperarle con la puerta abierta cuando los perros de los alrededores la avisaban de que se estaba acercando, le encantaba ver su cara de sorpresa al verla esperándolo. Le hacía mucha ilusión que alguien a quien apenas conocía fuera capaz de expresar sus sentimientos a través de hermosas cartas anónimas de amor.
Todas las mañanas veía como se le iluminaba la mirada cuando abría su puerta y recibía aquella carta. Había ocasiones en que ya incluso abría antes que le diera tiempo de tocar en ella. Cada día se enamoraba más del brillo de aquellos ojos cuando leían las palabras de amor anónimo que él mismo escribía. No pasaba mucho tiempo allí, el justo para que ella abriera el sobre, leyera y pudiera observar como, según iba avanzando, se le iba iluminando su rostro. Cada vez que ella le confesaba la mezcla de sentimientos que le generaban esas cartas, se le hacía un nudo en el estómago.
Un día fue ella la que le entregó una carta a él. En ella sólo unas palabras: “¿Te apetece un paseo por la playa?”

Texto: Susana Pérez Santos