22 diciembre, 2010

En los ojos de un astrónomo

Vayamos más allá, mucho más... Pongámonos en los ojos de un astrónomo. Navegemos con ellos a través del espacio cósmico. Busquemos un planeta similar a la Tierra donde exista vida, donde existan seres como nosotros que piensen y reflexionen el porqué estamos viviendo inmersos en el Universo. Todavía no se ha encontrado a ese planeta homólogo a la Tierra que flotando en el abismo nos permita saber que no estamos solos. ¿Será verdad que el mundo gira en torno a nosotros? Y si fuese así, ¿cuál es su sentido? ¿Es un privilegio, somos los únicos testigos de la existencia del Universo? Sin embargo, andamos abstraídos en problemas creados por nosotros mismos malgastando la vida y obstinados en lo que no necesitamos. En la Historia de la Humanidad se habla de un hombre que, osado, decía ser el Hijo de Dios. Renunció a lo que significaba esa palabra, eso gritaba, para experimentar, en carne y hueso, las vicisitudes, el sufrimiento y la extraordinaria sensación de sentirse vivo. Lo que más le fascinó, también cuentan, fue amar, amar a los demás ofreciéndose enteramente. Hace poco tiempo (siglos, no crean), se celebra la Navidad como símbolo de la llegada de ese hombre nacido dos mil años atrás, que divulgaba ideas y mensajes insistentes en explicar que nosotros, todos, somos la luz del Mundo.


Texto: Dácil Martín
Narración: La Voz Silenciosa