28 diciembre, 2010

Inesperado


Mientras revisaba por enésima vez el tablón de anuncios en el que figuraban los horarios de las clases del segundo trimestre, su intuición le hizo girar la cabeza hacia el fondo del pasillo. O quizá fue el atisbo de un olor. La imagen que se grabó en sus ojos tuvo el mismo efecto que un puñetazo en la boca del estómago. Allí estaba de nuevo ella, con su seguridad, amenazando a su paso a todo aquel que osase inmiscuirse en su camino o cruzarse con su mirada. Su sonrisa hacía daño, al tiempo que perdonaba vidas y derribaba edificios. Su boca tenía una atracción muy por encima de los valores de la gravedad terrestre y recordó otras ocasiones previas, paralizado bajo esa hipnosis sensual que provocaba el conjunto de verla caminar, elevada sobre sus tacones, repartiendo cadáveres a cada disparo de sus caderas.
En el último cara a cara había contado con suficiente oxígeno para saludarla con timidez antes de asfixiarse en su propia admiración hacia esa belleza. Ahora sus palabras competían con un ridículo balbuceo. Por fortuna ella inició el ataque y, fundiendo esa mirada de mil grados de temperatura en lo más profundo de su alma, le dijo:
-“Hoy he soñado contigo…”

Texto: Miguel Ángel Díaz Fuentes