27 diciembre, 2010

La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons



La hija de Robert Poste
de Stella Gibbons
Editorial: Impedimenta
Traducción de José C. Vales
ISBN: 978-84-937601-3-7
13 x 21 cm.
368 páginas páginas
22,75 euros IVA incluido



La novela humorística goza de buena consideración, y tradición, en la literatura inglesa, en la que- al contrario de lo que ocurre en la española- no es un género menor ni mucho menos, y este libro publicado por Impedimenta, la reedición de una obra para mí totalmente desconocida y al parecer considerada como una especie de clásico contemporáneo en Inglaterra, confirma esa inserción dentro de un sistema literario en el que se mencionan como referentes plausibles a Evelyn Waugh o P.G. Woodehouse. “La hija de Robert Poste” cuenta la historia de Flora Poste, una joven que ha recibido una educación “cara, deportiva y larga” y que tras la muerte de su padre tiene que trasladarse a la granja de unos parientes en el interior de la Inglaterra campesina y alejarse de su sofisticada vida en Londres.
La obra gira en torno a un motivo de gran rendimiento en la literatura (y más tarde en el cine) de muchos países: la dialéctica campo-ciudad, la contraposición entre los ambientes urbanos y rurales, y en ese sentido Stella Gibons construye una obra muy divertida, que satiriza una y otra: la llegada de Flora a Cold Comfort, que así se llama la granja de los Stakader, sus parientes, nos presenta
a una galería de personajes magníficos, entre los que destacaría a Amos, una especie de iluminado religioso que predica entre sus vecinos con más convicción que acierto, Seth, un joven dominado por un arrebatador atractivo sexual que mantiene en tensión a la mayoría de jóvenes del pueblo- y que terminará contratado por un productor de Hollywood para rentabilizar ese magnetismo-, Meriam, una chica que sucumbe cada año a la llamada de la “parravirgen”, una planta que favorece la fertilidad( y las ganas de favorecerla, digamos), y madre de un grupo de niños tan numeroso como una banda de jazz, la imponente tía Ada o el insufrible Mybug, un escritor londinense que está preparando su obra maestra.

La autora maneja a todos ellos con una estupenda combinación de ironía y despliegue de los tiempos narrativos y aprovecha para desarrollar una sátira por contraste de los ambientes sofisticados que la protagonista deja atrás, pero con los que mantiene contacto regular, y más aún , de la vida literaria inglesa del primer cuarto del siglo XX, sobre la que despliega una mirada llena de irreverencia, aunque no siempre sea fácil para el lector de hoy identificar los autores, movimientos culturales o manifestaciones artísticas a las que se refiere; a este respecto merece la pena subrayar el magnífico trabajo de José C. Vales, encargado no sólo de una traducción que fluye con soltura, y que ha tenido que adoptar soluciones complicadas para una serie de neologismos o simplemente palabras inventadas por la autora, sino que se encarga de unas notas a pie de página que no interrumpen el ritmo del relato y ayudan a comprender ese constante recurso de la autora a la ironía dirigida a la literatura y la cultura de la época, desde autores todavía conocidos, como Kipling o Shelley, a muchos otros de los que no tenemos idea o simplemente inventados por la mordaz Gibbons, como el abad Fauss- Maigre y su obra “El sentido común de índole superior”, con los que se satiriza una especie de literatura de autoayuda de la época.
Las andanzas de Flora en Cold Comfort, el desarrollo de sus planes para cambiar y mejorar la vida de la granja y los asilvestrados Stakader y el constante juego de referencias a la cultura inglesa de la época van marcando una novela cuya frescura y modernidad sorprenden, en la que alguno de los personajes y situaciones mencionados son francamente memorables y de cuya recuperación hay que felicitarse.
Tomás Rubial