15 diciembre, 2010

Los últimos Magos


Noche de Reyes. Fuimos a ver la cabalgata. Una sensación de excepcionalidad me invadía. Quizás era la primera vez, la única, la última vez.

Debieron pasar a caballo, como lo hacen todavía, por las calles de niños alborozados. Mi rey era Baltasar. Al volver a casa supimos que habían estado allí.

Imaginé la escalera que los condujera, peldaño a peldaño, hasta mi cuarto: estrecha, de madera. No alcanzaba a entender cómo habían podido estar lanzando caramelos por las calles de la ciudad y subiendo a la vez por mi ventana. Es posible que enviaran emisarios... de todos modos, ¡qué más daba! eran Magos.

Me apresuré a ver qué me habían dejado y en la oscuridad del cuarto vi algo oscuro, brillante, arrugado. Una ojeada me bastó para adivinarlo: ¡pasas de Málaga! No sé por qué me pareció tan buen regalo, pero recuerdo vivamente la sensación de fraude y enfado que me invadió cuando, al acercarme, con intención de abrir y saborear tan dulce presente, comprobé que - como por arte de magia- las pasas se habían transformado en una triste cartera marrón, envuelta en papel de celofán arrugado.

Aquellos fueron mis últimos Reyes Magos.


Autora: Fabiola Ojeda Virto