18 diciembre, 2010

Nochebuena privada



C
uando nuestra madre, con 38 años y cuatro hijos ya criados, supo que estaba embarazada, se llevó un pequeño disgusto. Ahora que solamente falta un mes para el nacimiento de la criatura, está estupenda: tan guapa como siempre, su cara radiante sonríe a todas horas esperando impaciente que llegue el momento.
A papá también le notamos muy contento, se le cae la baba cuando mira a su esposa y a todos nos cuenta lo bonita que va a ser la niña nueva. Pero los más ilusionados somos nosotros, los hermanos mayores, soñando con cariños de azúcar y miel y con darle tantos mimos que nos la vamos a comer a besos.
En casa todo está preparado, la cuna chiquita cubierta de puntillas y lazos, pañales, polainas, arrullos, peleles, patucos, baberos, y un precioso traje de cristianar de organdí y encaje. Todavía no estamos seguros de cómo se va a llamar, de momento es simplemente “la niña”.

Estamos en fiestas, mañana es Nochebuena y hoy, después de oscurecer, los dos mayores hemos salido con los amigos a cantar villancicos y rondar por las calles, como es costumbre en nuestro pueblo. A las once ya es hora de recogerse y tomamos rumbo a casa. Pocos metros antes de nuestro destino encontramos a nuestros padres caminando en dirección contraria. La noche de invierno está templada, el paseo es agradabley nos explican que van a acercarse tranquilamente hasta la clínica del jardincillo, para que miren a mamá que está un poco "revuelta".
Hora y media más tarde, cuando ya empezamos a estar preocupados, regresa papá solo. Viene con prisas y con la alegría iluminando sus rasgos serenos y su amplia frente.
- ¿Qué tal mamá? ¿Dónde está? -preguntamos ansiosos.
- Está con la niña- contesta algo despistado.
- ¿Es que ya ha nacido?, ¿tan pronto?, pero ¿y mamá? -inquirimos otra vez.
- ¿Mamá?, bien, muy bien, todo ha ido muy rápido, perfecto. Vengo a por la ropa y las cosas. Belén, la niña se llama Belén que ya estamos a veinticuatro, es preciosa, chiquitita, muy bien hecha – nos informa a modo de telegrama nuestro progenitor que, como rabo de lagartija, se mueve por toda la casa rebuscando.

Por la noche, en la cena de “La Nochebuena” estamos todos. Los padres, los cuatro de siempre y la niña Belén, redondita la cara, chiquitas las manitas, muy preciosa. Nochebuena especial con nacimiento privado. Noche-buena, noche maravillosa.

Texto: Ángeles Hernández Encinas