30 diciembre, 2010

Que inculto


Ayer comencé a leer un libro. Entendía y me penetraba lo que me decía su autor. Mi lectura fluía, no era como el tráfico de la ciudad a hora punta. El escritor emplea un lenguaje cotidiano y sin ornamento innecesario, ahora que me percato. Lo que allí leía me removía eso que llaman interior y pensamiento. El caso es que me divertía leerlo. Lo pasaba bien. Hoy no veo el momento de dejar mis obligaciones laborales y sumergirme en sus páginas. Busqué sobre el autor y no tenía ningún currículum, fama, ni premios literarios. ¡Que vergüenza siento! Espero que nadie se entere que leo estas cosas. Tengo que leer más ladrillos.
Texto: Francisco Concepción (Franco)
Narración: La Voz Silenciosa