03 enero, 2011

Caricias



Le gustaba aquella sensación de la calidez de las sábanas, sobre su piel desnuda. En el silencio de la mañana sólo escuchaba el sonido de los pájaros piar como un despertador, tras la ventana. Y la respiración lenta de ella. Sin que lo supiera, cuando él despertaba antes, la contemplaba.
Cuando duermes eres otra persona, es como si de verdad estuvieras transportado al reino plutónico. Y sólo queda tu cuerpo en modo ralentí, al igual que cuando dejas el coche encendido pero sin pisar ninguno de los pedales.
Sin que lo notara pasó su mano por su mejilla, acariciando la piel caliente, ella se revolvió con la sensación dejando al descubierto parte de su muslo. Era como si le invitara desde allá lejos, a que siguiera acariciándola


Texto: Willam Ernest Fleming