08 enero, 2011

Heterogéneos



La Esfera rodaba, avanzaba siempre presta en la misma dirección. Se comía espacios, kilómetros y distancias. Acercaba puntos, unía personas. Cumplía. Giraba y no paraba. Siempre en la misma dirección, la que todos esperaban. A la misma velocidad. Puntual. Pero... la Esfera se aburguesó. Se contagió del virus de la uniformidad y de lo genérico. Y algunos viajeros, pocos, fueron hasta el mostrador a pedir una hoja de reclamaciones. Solicitaron un tobogán kamikaze, un medio de transporte infartante, que les recordara que estaban vivos, que el paisaje que veían, por la ventanilla de La Esfera en sus trayectos, no era solo rosado. Buscaban otras paradas, otras estaciones, donde sabían que existían pueblos negros, casas horteras pintadas en rojo y llanto. Risas de borrachos sin dientes. Gente no solo haciendo el amor, sino follando por placer. Sensaciones heterogéneas. Habitantes en pueblos no contagiados.

Texto e ilustración: Francisco Concepción
Narración: La Voz Silenciosa