15 enero, 2011

La Abuela Silveria


A la memoria de José Antonio Labordeta


El 29 de octubre de 1989 se celebraban Elecciones Generales en España y José Antonio Labordeta Subías se presentaba al Senado por la candidatura de Izquierda Unida. Durante la campaña conoció a Braulio Jardiel, un estudiante de derecho tenaz y vivaracho que ayudaba en lo que tocaba, unas veces a repartir octavillas, otras a montar el escenario para un mitin y la mayoría de las veces simplemente a acarrear bultos.

Braulio había nacido el día del Pilar de 1969 en Sachirrián, un pequeño pueblo perdido en el valle del Huerva. Fue el último crío en nacer allí y ni siquiera llegó a conocer las escuelas abiertas. Pero la memoria de su infancia estaba unida a las callejuelas y las cuestas de aquel lugar y al recuerdo de su abuela Silveria que, sentada en la cadiera delante del fogaril, le cantaba una y otra vez con la voz entrecortada la canción de “La vieja”. La abuela terminaba siempre con los ojos abrasados porque aquellos versos le recordaban su propia vida y la de sus hijos, que terminaron marchándose a la capital a buscarse la vida. Esta historia Braulio se la contó a Labordeta media docena de veces, hasta que el cantautor en tono arisco casi le gritó:

-¡Jodido crío, pero quieres callar de una vez con la historia de la puñetera vieja!

Braulio tuvo que apretar los labios para contener el llanto 
y desde entonces evitaba acercarse al candidato, este le buscaba con la mirada pero tampoco le decía nada.


El viernes 27 de octubre, una vez terminado el último acto de campaña, Labordeta se acercó al chico, que estaba ayudando a recoger unas pancartas, y le dijo:

-Esto se ha acabado, chaval, ya está todo el pescado vendido. Así que si mañana no tienes nada mejor que hacer nos podíamos acercar hasta tu pueblo, a ver si tu abuela

nos prepara un par de huevos fritos con un buen chorizo.

Braulio sonrió y asintió con la cabeza. Al día siguiente lloró como un chiquillo al oír a Labordeta canturrearle a su abuela las primeras estrofas de “La vieja” …
siempre te recuerdo vieja sentada junto al hogar.
A partir de ese día la vida siguió para todos. Al año siguiente murió la abuela, Braulio terminó la carrera y abrió un despacho en Zaragoza, desde donde vivió con desinterés el devenir político de Labordeta, a quien jamás volvió a votar.

Casi veintiún años después, el 20 de septiembre de 2010, llevó a sus hijos a la capilla ardiente que habían instalado en el Palacio de La Aljafería. Allí, al recordar la cara emocionada de su abuela Silveria y la sonrisa de hombre bueno del cantautor, volvió a llorar como un chiquillo ante el féretro cubierto con la bandera de Aragón. Su mujer, que jamás le había visto derramar ni una lágrima, le prestó un pañuelo para enjugarse y se sintió más unida a él de lo que había estado nunca.
© Pilar Aguarón Ezpeleta

15 comentarios:

  1. Es lo que tenemos las personas. Unas veces parece que no prestamos atención a las cosas que nos cuentan, porque estamos en otras historias, que no es que sean más importantes, sino más urgentes. También sucede con frecuencia que pensamos que nuestras ideas, nuestras experiencias, son más importantes que las de los otros, cuando los otros andan enfrascados en sus cosas. Y por último, tantas veces, lo que dijimos acaba teniendo efecto, auqnue sea con efecto retardado, como algunas bombas.
    Es hermosa esta historia. Supongo que a Labordeta no le hubiera costado mucho trabajo decirle a Braulio, "Mira, chaval, ahora estoy liadísimo; ni tiempo tengo de respirar, pero te prometo que cuando acabe la campaña, nos acercamos al pueblo de tu abuela". Pero, quizá, si lo hubiera dicho, es probable que la sorpresa no hubiera sido tan grande.
    Esta es una historia de desencuentros y de sorpresas, de ternura y de melancolía, de llorar, cuando llorar duele.

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  2. Por cierto, hermosísimo el retrato de nuestro añorado Labordeta.

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  3. Bellisimo relato-homenaje-oloquesea a mi querido cascarrabias Labordeta.
    UN ABRAZO con mayusculas.

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  4. Yo admiraba a José Antonio Labordeta, pero el día, en que se debatía en el Congreso de los Diputados, el Plan Hidrológico, soltó su célebre frase, "el agua para quien le llueva".
    Todo un ejemplo de falta de solidaridad, para quienes no "nos llueve", tanto como necesitamos, sin contar los millones de litro que se pierden en el mar y que se podrían aprovechar en otros lugares.
    Ese día, para mi, dejó de existir el Sr. Labordeta.

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  5. Como persona pública, y como persona pública arraigada que era, Labordeta despertaba filias y fobias, pero sobre todo admiración, por sus votantes y sus no votantes, por los Aragoneses y los de otros sitios, que lo que siempre hubiéramos querido es tener un Labordeta dando un grito ante el Presidente del Gobierno, por defender nuestros intereses y no los suyos personales. Sin embargo, de tu historia, querida Pilar, me quedo con la Abuela Silveria, su canto y sus huevos con chorizo, que nunca fueron olvidados por su nieto Braulio... ni el día de la muerte de Don José Antonio. Me ha encantado, Pilar. Un abrazo

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  6. Una historia muy emotiva, Pilar. Me ha gustado mucho.
    Un abrazo

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  7. María, yo cantaba canciones de Labordeta, fue un referente para mí...Me duele leer lo que dices que dijo...y no dudo que lo dijera literalmente como tu lo escribes, pero quiero pensar que hubo algunos hechos que lo obligaron a decirlo así...

    Pilar emotivo y entrañable lo que nos cuentas.

    Un abrazo.

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  8. Flamenco, los hechos fueron que en el año 2005, se aprobó, el Plan Hidrológico Nacional, en que se contemplaba un posible trasvase desde el Ebro a las cuencas mediterráneas, por supuesto Aragón estaba en contra, y esa frase la dijo durante unos de los debates. El PHN, lo derogó Rodriguez Zapatero, cuando llegó al gobierno.

    Ni te imaginas la de cosas que se han dicho, cosas como "darles agua, es cómo dar droga a un drogadicto, cada vez necesitan más".
    Sólo tienes que tirar de hemeroteca.

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  9. Una agradable historia que humaniza a un cantautor que rectifica generosamente su acostumbrado mal genio.
    Muy bonito Pilar

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  10. Soy una de las pocas aragonesas que no consideran el agua del Ebro de su propiedad y mis broncas me cuesta. La culpa no es de los aragoneses sino, una vez más de los políticos. A falta de otras cosas que reivindicar utilizan el agua para enardecer, movilizar y manipular la voluntad popular. Es para empezar y no acabar, así que mejor lo dejo aquí. Muchas gracias por vuestros comentarios y por leerme. Besos a repartir.

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  11. No sabía que hubiera pronunciado esta frase, pero no lo dudo, María. A pesar de ello, fue tambien un referente para mí, un cantautor que admiré y un tertuliano estupendo y lo más importante: honesto consigo mismo y los demás.
    La historia que nos cuentas Pilar, demuestra que dejó huella, no sólo en los aragoneses y es emocionante.
    Muchísimos besos para ti y para él.

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  12. Pilar, yo te leo, con todo el cariño del mundo, cómo a todos los que escribís, estéis, dónde estéis y seáis de dónde seáis, faltaría más.

    El tema del agua, lo dejamos para los políticos, pero hay cosas que duelen.

    Un abrazo.

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  13. Emotivo relato. Le pega mucho el aire brusco, de pronto, que le has puesto a Labordeta. Muy acertado.

    Alguna cosa se podría decir al respecto del agua, pero este no es sitio para "politizar".

    Enhorabuena, maña,

    Anabel

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  14. Pasa mucho con los personajes de renombre que, cuando se les conoce en persona, resulta que, los muy puñeteros, no son como uno hubiera querido que fuesen, y entonces uno les culpa por ello y les guarda rencor toda la vida. No hay que confundir al personaje con la persona. El personaje es más nosotros que el otro. Si uno quiere acercarse a ellos debe hacer el esfuerzo de olvidar el personaje y arriesgarse a conocer a la persona. (esto no lo he leído en Jorgue Bucay ni nada, no vaya a creer).
    Una historia emocionante.

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  15. Una hermosa historia llena de humanidad, un homenaje al hombre bueno pero temperamental, una forma de reencontrarse a uno mismo y desnudarnos ante los demás. Enhorabuena Pilar.

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